♕ Martina
Cuento 51

El Tigre de Madrás y el Rayo de los Veinte Segundos

Donde el aroma a cardamomo y té especiado inunda la sala de juego, Peoncito se amarra un turbante de seda para que el viento de las jugadas no le despegue el bigote, y Martina aprende con Viswanathan Anand que la verdadera rapidez nace de la paz interior

♟️ Ver la Inmortal de Anand ↓
▶️ ¿Prefieres escuchar la historia? Clic aquí para ver el Audiolibro Animado

Hay maestros que necesitan media hora para decidir si mueven un peón una o dos casillas. Fruncen el ceño, se frotan la barbilla, suspiran profundamente y miran al techo como si las respuestas estuvieran escritas entre las lámparas. Y luego está Viswanathan Anand. Cuando Vishy se sienta frente a un tablero, no parece calcular: parece respirar. Sus ojos ven las combinaciones más enrevesadas del mundo antes de que el segundero dé media vuelta, con la naturalidad de un tigre que cruza la selva sin tropezar jamás con una rama.

Martina, con sus lentes bien puestos, sus zapatillas livianas y su polera de torneo en la que un chip electrónico lucía una pequeña corona dorada, colocaba las piezas sobre su mesa de noche. Había sentido la furia volcánica de Kasparov y la calma impenetrable de Kramnik. Pero le faltaba entender el misterio del tiempo: ¿cómo hacía Judith Polgar para atacar con tanta velocidad sin cometer errores? ¿Cómo lograba Mikhail Tal ver relámpagos en posiciones donde los demás solo veían niebla?

—Yo por las dudas me puse casco de seda —anunció Peoncito, que se había envuelto la cabeza con una cinta anaranjada a modo de turbante y se sostenía el mostacho postizo con ambas manos—. Dicen que este gran maestro de la India mueve tan rápido que las piezas echan chispas. ¡Si una torre sale disparada a trescientos kilómetros por hora, quiero que me pille bien peinado!

El Reloj Parlante, acomodado en el centro del tablero de la alfombra sobre la casilla d4, comenzó a emitir un tic-tac acelerado que sonaba como el aleteo de un colibrí.

—¡Sujétense de las barandas del tiempo! —exclamó el reloj con voz cantarina—. Destino: Wijk aan Zee, torneo Tata Steel, 2013. En la sala hay un aroma delicioso a canela y té chai recién servido. Frente a ustedes se sienta el decimoquinto Campeón del Mundo: el Tigre de Madrás, el hombre que demostró que el cálculo profundo puede ser más rápido que el parpadeo de una estrella. ¡Le dicen Vishy Anand, y su sonrisa es tan dulce como su ataque es fulminante!

Martina y Viswanathan Anand frente al tablero con té chai y luz dorada

Martina y Viswanathan Anand. Entre el aroma a té especiado y la calidez de la India, el cálculo fluye a la velocidad de la luz.

Cuando la bruma temporal se disipó, Martina y Peoncito aparecieron en una sala luminosa y templada. Sobre la mesa, junto a las planillas de anotación, descansaba una taza humeante de masala chai que perfumaba el aire con notas de jengibre y clavo de olor. Al otro lado del tablero estaba sentado Viswanathan Anand. Con una sonrisa amable, ojos curiosos detrás de sus anteojos y una tranquilidad absoluta, Vishy saludó a Martina juntando suavemente las palmas de las manos:

—Namasté, Martina —dijo Anand con voz cálida y melodiosa—. He oído hablar de tu pasión por las clavadas y de tu admiración por Judith Polgar. Judith siempre jugaba con un coraje admirable, y con Tal compartimos el amor por el fuego sobre el tablero. Pero muchos creen que para jugar rápido hay que estar nervioso o apresurado. En realidad es todo lo contrario: cuanto más serena está tu mente, más transparente se vuelve el tablero. ¿Jugamos?

—¡Con todo gusto, señor Anand! —respondió Martina con entusiasmo, ajustándose los lentes y tomando las piezas blancas.

Martina inició la lucha con paso firme: 1. d4. Anand respondió en menos de tres segundos: 1... d5. La apertura avanzó por los caminos apasionantes de la Defensa Semieslava: 2. c4 c6 3. Cf3 Cf6 4. Cc3 e6 5. e3 Cbd7 6. Ad3 dxc4 7. Axc4 b5 8. Ad3 Bd6 9. 0-0 0-0 10. Dc2 Bb7.

Martina desplegó sus fuerzas con energía activa: 11. a3 Tc8 12. Cg5 c5! 13. Cxh7 Cg4 14. f4 cxd4 15. exd4. Martina sentía que su caballo en h7 y su peón en f4 le daban el control de la iniciativa. Pero entonces ocurrió el milagro.

Anand no necesitó reflexionar quince minutos. Apenas pasaron doce segundos cuando sus dedos tomaron el alfil negro de casillas oscuras y lo colocaron en la boca del león: 15... Ac5!!

—¡Madre mía de los Himalayas! —gritó Peoncito, agarrándose el turbante mientras una ráfaga de aire tibio cruzaba el tablero—. ¡Entregó el alfil en c5! ¡Y tiene la torre de f8 amenazada! ¡Martina, este señor no está jugando ajedrez, está lanzando bengalas de colores!

La erupción de relámpagos dorados y garras de tigre en la Inmortal de Anand

15... Ac5!! y 21... Ae3!! Los alfiles negros desatan una cascada de relámpagos dorados que rematan la partida con 23... Dxg2#.

Martina sintió que el piso se movía bajo sus pies. Intentó defenderse con precisión de gran maestra: 16. Ae2, pero Anand ya tenía la siguiente jugada en la punta de los dedos: 16... Cde5!! ¡Un segundo sacrificio de caballo consecutivo! Las piezas negras no estaban atacando: estaban danzando una coreografía cósmica.

Tras 17. Axg4 Axd4+ 18. Rh1 Cxg4 19. Cxf8 f5!, Martina intentó buscar refugio con 20. h3 Dh4 21. Dd3. La dama blanca protegía el punto g3 y amenazaba el contragolpe. Cualquier mortal pensaría que las blancas se salvan. Pero Anand tomó su otro alfil, el de casillas claras, y lo deslizó como una pluma sobre el tapete: 21... Ae3!!

Una jugada de una belleza sobrecogedora. El alfil en e3 corta la defensa de la dama blanca, desvía al alfil de e3 y deja la casilla h3 en llamas. Martina jugó 22. Axe3, y la dama negra sentenció: 22... Dxh3+ 23. Rg1 Dxg2#. Jaque mate.

El silencio en la sala era tan puro que se podía escuchar el vapor del té elevándose en espirales. Martina miró el tablero. No había enojo en su pecho, ni sombra de tristeza. Había una alegría desbordante, como la de quien acaba de ver una lluvia de estrellas fugaces cruzando el cielo de medianoche.

—Veintitrés jugadas —susurró Martina, con una sonrisa deslumbrante detrás de sus lentes—. Tres piezas sacrificadas en cascada. Fue... la cosa más hermosa que he visto en toda mi vida.

Vishy Anand soltó una risa dulce y cariñosa. Le sirvió a Martina una taza pequeña de té chai con espuma de canela y se la ofreció con ambas manos. —Perder una partida jugada con el corazón no es una derrota, Martina; es una lección de poesía —le dijo el campeón con ternura—. El ajedrez nos regala momentos donde el cálculo y la imaginación se tocan. Tú atacaste con valentía, sin miedo a nada. Y cuando juegas sin miedo, las derrotas te enseñan el camino hacia tu propia grandeza.

De una pequeña cajita de madera de sándalo, Anand extrajo una pequeña figura de un tigre tallado en jade verde, con dos diminutos zafiros en los ojos. —Para tu viaje, pequeña campeona. Para que cuando juegues al ataque, recuerdes que la rapidez del tigre no viene de correr con prisa, sino de saber exactamente en qué momento el corazón debe saltar.

Peoncito tomó un sorbo de té chai y suspiró de puro gozo: —¡Declaro formalmente que perder con estilo y con té de canela es mil veces mejor que ganar una partida aburrida!

El Reloj Parlante dio una campanada luminosa en d4, y el salón de Wijk aan Zee se desvaneció en una suave estela dorada con aroma a especias.

Cuando Martina despertó al día siguiente en su cama, el pequeño tigre de jade brillaba sobre su velador junto al alfiler de Kasparov y la torre de Kramnik. Esa tarde jugaba el torneo escolar de partidas rápidas. Se ajustó los lentes, ató los cordones de sus zapatillas y sonrió con confianza: ahora sabía que el reloj no es un enemigo que te persigue, sino un tambor que marca el compás de tus mejores jugadas.

🏛️ La Inmortal Moderna de Anand (Aronian vs Anand, Wijk aan Zee 2013)

El 15 de enero de 2013, en el torneo Tata Steel de Wijk aan Zee, Viswanathan Anand (con negras) firmó frente a Levon Aronian una de las obras maestras más espectaculares del ajedrez del siglo XXI, bautizada por los analistas como "La Perla Negra" o la "Inmortal Moderna". En una audaz Defensa Semieslava, Anand sacrificó consecutivamente su alfil en c5 (15... Ac5!!), su caballo en e5 (16... Cde5!!) y un segundo alfil en e3 (21... Ae3!!), culminando en un fulminante jaque mate en la jugada 23 (23... Dxg2#).

Cargando tablero interactivo...

¿Te gustó este cuento? Compártelo:

📋 Copiar enlace
← Volver al inicio