Martina
Cuento 35

El Puño Sucio

Donde la Sombra imparte su mejor clase magistral, la Reina Negra comparte su pasado oscuro, y Martina entiende que al tramposo no se le vence con rabia: se le vence con cabeza fría y puño caliente

♟️ Ver la partida de preparación ↓
▶️ ¿Prefieres escuchar la historia? Clic aquí para ver el Audiolibro Animado

Martina despertó en el reino con los nudillos apretados. No de dolor —el dolor ya se le había pasado, o al menos se había instalado en un rincón donde no molestaba— sino de determinación. Mañana era la final. Mañana se enfrentaba a Machado. El tramposo. El de los codos. El que había destrozado a Mitaka.

Pero no estaba nerviosa. Estaba... concentrada. Como un alfil apuntando a una diagonal. Como un caballo a punto de saltar. Como una torre en séptima fila. Todas las piezas en su sitio. Solo faltaba la última.

🧠 🧠 🧠

La Sombra la esperaba en la esquina a1. El lugar donde siempre aparecía cuando tenía algo importante que decir. Esta vez llevaba una pizarra portátil. Una pizarra de humo, con tiza de humo, donde había dibujado un diagrama.

—Clase magistral —anunció—. Tema: El Tramposo y Cómo Aplastarlo Sin Convertirte en Él. Lección uno: no te enfades.

—¿No me enfade?

—El tramposo quiere que te enfades. El enfado nubla el juicio. El juicio nublado pierde partidas. Las partidas perdidas alimentan al tramposo. Es el ciclo de la trampa. —Señaló el diagrama—. Mira. Esto es Machado. Cuando usa el codo, cuando presiona el reloj, cuando tose en tu turno... no está jugando ajedrez ni boxeando. Está jugando contigo. A tu mente. Si respondes con rabia, has perdido. Si ignoras y sigues jugando... —borró una flecha del diagrama—... le has quitado su mejor arma.

—¿Y si el árbitro no lo ve?

—Le pides educadamente que se fije. Sin gritos. Sin aspavientos. «Árbitro, creo que el caballero está usando el codo. ¿Podría vigilarlo? Gracias.» Dicho así, con calma, el árbitro te cree. Si gritas, pareces una quejica. Y los árbitros odian a los quejicas.

—Eso es muy específico. Parece que hablas por experiencia.

—He observado a muchos tramposos. Incluida yo misma. Sé cómo piensan. Sé cómo actúan. Y sé cómo se les vence. —La Sombra cerró la pizarra—. Con cerebro. Y después... —hizo una pausa—... con puño.

🧠 🧠 🧠

La Reina Negra apareció sin hacer ruido. Llevaba su corona de pañuelos, pero solo un pañuelo. El justo. El necesario. Nada más.

—Quiero contarte algo —dijo—. Algo que nunca le he contado a nadie. Bueno, se lo conté a mi médico falso. Pero él no existe, así que no cuenta.

Martina esperó.

—Yo también fui tramposa. Bueno, no tramposa exactamente. Mentira. Sí, tramposa. Prohibí el jaque mate con la excusa del bienestar emocional. Pero en realidad era por mis alergias. Falsifiqué un certificado médico. Convencí a todo un reino de que las tablas eran el futuro. ¿Y sabes qué pasó?

—Que llegué yo y te gané.

—Exacto. Y estornudé. Mucho. —La Reina Negra sonrió—. Pero después de eso, algo cambió. Dejé de tener miedo. Dejé de poner excusas. Empecé a jugar de verdad. Y ahora... —mostró su certificado renovado—... cero estornudos en trece cuentos. No está mal.

—¿Y qué tiene que ver con Machado?

—Que Machado es como yo era. Juega con miedo. Miedo a perder. Miedo a que descubran que sin trampas, no es tan bueno. Y ese miedo es su debilidad. Si tú juegas sin miedo... él se desmorona. Porque los tramposos no saben qué hacer contra alguien que no se deja intimidar.

Martina asintió. La Reina Negra, la que había sido su primera gran rival, acababa de darle la clave.

La Reina Negra dándole consejos sobre tramposos a Martina
🧠 🧠 🧠

Esa noche, Martina no entrenó boxeo. No repasó aperturas. Se sentó en el centro del tablero, con las piernas cruzadas, y respiró. Solo respiró. Como le había enseñado Don Kamo. «A veces el mejor entrenamiento es no hacer nada.»

Peoncito se sentó a su lado. Sin hablar. Sin ajustarse el bigote. Solo estar. A veces los peones también saben acompañar.

—Mañana —dijo Martina— es la final.

—Lo sé.

—Voy a ganar.

—Lo sé.

—¿Cómo lo sabes?

Peoncito se ajustó el bigote. Despacio. Con ceremonia.

—Porque eres Martina. Y Martina no se rinde. No se enfada. No cae en provocaciones. Y sobre todo... —hizo una pausa—... pega más fuerte que nadie cuando se mete para adentro. Y tú siempre te metes para adentro.

Martina sonrió. Y por primera vez en todo el día, sus nudillos se relajaron.

Martina y Peoncito meditando y preparándose mentalmente

Fin del trigésimo quinto cuento.
Continuará…

🏛️ El Secreto detrás del Cuento

La preparación mental es tan importante como la física. Esta partida muestra cómo mantener la calma bajo presión es la clave para vencer al rival más complicado.

¿Te gustó este cuento? Compártelo:

📋 Copiar enlace
← Volver al inicio