Martina
Cuento 31

El Gimnasio del Tablero

Donde las piezas del reino descubren un deporte donde pegar está permitido, los caballos hacen sparring, y Peoncito intenta boxear sin brazos

♟️ Ver la partida de la pelea ↓
▶️ ¿Prefieres escuchar la historia? Clic aquí para ver el Audiolibro Animado

Todo empezó porque el Caballo de Ŋ, en uno de sus saltos erráticos, aterrizó sobre la casilla de un peón que no se apartó a tiempo. Hubo un choque. Un crujido. Y en vez de disculparse, el caballo dijo:

—Perdón. Pero ha dolido menos de lo que esperaba. De hecho, casi no ha dolido. De hecho, ha sido un poco satisfactorio. ¿Puedo hacerlo otra vez? Con más... intención.

El peón, ofendido pero curioso, aceptó. Y así, sin que nadie lo planeara, nació el primer deporte de contacto del Reino de las Sesenta y Cuatro Casillas.

🥊 🥊 🥊

Dos semanas después, el reino era irreconocible. Donde antes había silencio y concentración, ahora había cuerdas de terciopelo marcando cuadriláteros improvisados. Donde antes había empanadas de Apertura Italiana, ahora había «Empanadas de Guardia» (con extra de proteína) y «Empanadas de Gancho» (con forma curva). Torreta había diversificado el negocio: «Si la gente quiere pelear mientras juega, yo vendo empanadas mientras pelean. El capitalismo es así.»

El Alfil Exiliado, que jamás había mostrado interés por los deportes físicos, era ahora el comentarista oficial. «Señoras y señores, piezas y peones, bienvenidos a la primera velada de... —hizo una pausa dramática—... CHESS BOXING del Reino.»

—Ese nombre no tiene sentido —dijo Peoncito—. Chess es ajedrez y boxing es boxeo. Son dos cosas distintas.

—Por eso es genial —respondió el alfil—. Como la empanada de Fianchetto. No la pide nadie, pero ahí está.

🥊 🥊 🥊

Martina llegó al reino justo cuando empezaba el primer combate de exhibición: Peoncito contra otro peón. Estaban en el centro del cuadrilátero, rodeados de cuerdas que los peones-rueda sujetaban con los dientes.

Peoncito boxeando contra otro peón

—¡Ding! —hizo sonar una campana el Reloj Parlante, que se había autoproclamado árbitro—. ¡Tres minutos de ajedrez! ¡Luego tres minutos de boxeo! ¡Quien haga jaque mate o KO gana!

Peoncito jugó e4. Su rival jugó e5. Peoncito Cf3. Su rival Cc6. Y entonces, justo cuando Peoncito iba a jugar Ac4, el rival le dio un cabezazo.

—¡Falta! —gritó el Reloj Parlante—. ¡Golpe ilegal! ¡Dos minutos de penalización!

—No ha sido un golpe —protestó el rival—. Es que soy peón. Solo puedo mover de uno en uno. En boxeo los puños también. Es lo mismo pero duele más. Y la cabeza es como un puño pero en la frente. No sé. Tiene sentido en mi dimensión.

Peoncito, frotándose la frente, se ajustó el bigote. «Esto es ridículo —dijo—. No tengo brazos para pegar. ¿Cómo voy a boxear?»

—Con actitud —respondió el Caballo de Ŋ, que estaba en la esquina haciendo sombra de boxeo con las pezuñas—. El boxeo no es de brazos. Es de corazón. Y de bigote.

—Mi bigote no pega.

—El mío tampoco. Pero intimida.

El Caballo de Ŋ entrenando footwork
🥊 🥊 🥊

La Sombra apareció en la esquina del ring. Literalmente. Era la esquina. Las sombras siempre aparecen en las esquinas. Es su lugar natural.

—Por fin —dijo—. Un deporte que entiendo. Ajedrez y boxeo. Estrategia y violencia. Como la vida, pero con reglas. —Hizo una pausa—. Bueno, algunas reglas. Las justas. El boxeo permite pegar. Es lo más cercano a hacer trampa legalmente.

—Eso no es hacer trampa.

—Claro que no. Es mejor. Es trampa con árbitro. Trampa regulada. Trampa con guantes. —La Sombra se estremeció de placer—. Es hermoso.

La Reina Negra, que estaba en el público, estornudó. «Es la emoción —aclaró—. No cuenta como recaída.»

—Has estornudado tres veces en este cuento.

—Son estornudos deportivos. No cuentan. Está en el reglamento. —Mostró un papel—. Lo redacté yo. Es válido.

🥊 🥊 🥊

Martina observó el caos con fascinación. Piezas boxeando. Caballos haciendo sparring. Peones sin brazos intentando dar puñetazos con la dignidad. El Alfil Exiliado narrando como si fuera la final del mundo.

—Esto es increíble —dijo—. Ajedrez y boxeo. Dos mundos que se juntan. Como la masa y el relleno.

—Como el tomate y la albahaca —añadió Torreta.

—Como el bigote y el peón —añadió Peoncito.

—Esa metáfora no funciona —dijo Martina.

—Ninguna de mis metáforas funciona. Pero molan.

El Rey Blanco, desde su asiento de primera fila, se puso de pie. —Yo quiero participar —dijo—. Nunca he boxeado. Nunca he peleado. Pero he aprendido a caminar. Y creo que boxear es como caminar pero con más... puños.

—Los reyes no boxean —dijo la Reina Blanca—. Los reyes reinan.

—Los reyes modernos hacen lo que les da la gana. He leído un libro. Se llama «Reyes que Hacen Cosas». Solo tiene una página. Pero es inspiradora.

Martina se levantó. Algo dentro de ella se había encendido.

—En mi mundo —dijo— también existe el chess boxing. Y creo... creo que voy a probarlo.

La Sombra se incorporó, interesada. «¿Tú? ¿Boxear? Eres una niña de nueve años.»

—Soy una niña de nueve años que juega ajedrez contra maestros. Que enfrenta tramposos sin pestañear. Que ha vencido a un pez que calcula tres millones de jugadas por segundo. ¿Crees que un puño me va a asustar más que un jaque mate?

La Sombra se quedó en silencio. Luego dijo:

—Eso es verdad. Eres aterradora. Me gusta.

Fin del trigésimo primer cuento.
Continuará…

🏛️ El Secreto detrás del Cuento

El chess boxing existe de verdad: 3 minutos de ajedrez, 3 de boxeo. Ganas por jaque mate o por KO. Esta partida muestra cómo el ajedrez y la estrategia se combinan en un solo deporte.

¿Te gustó este cuento? Compártelo:

📋 Copiar enlace
← Volver al inicio